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Grupo Ambaí, a la búsqueda del teatro que une.

domingo, 30 de agosto de 2009

Hacer teatro en Corrientes es lo que se propusieron los integrantes de Ambaí hace diez años, y hoy por hoy lo consiguieron. Rompiendo con la escuela clásica y buscando continuamente en su camino, hicieron de su propio método una marca registrada. Macedonia entrevistó a Ambaí, la función va a comenzar… José María Gómez Samela es la cara visible de un gran grupo de gente comprometida con el teatro que conforma Ambaí. Al pensar en teatro, la imagen que viene a la mente es la clásica del espectador en sus butacas y los artistas sobre un escenario. Un intercambio, estímulos que hacen “poner el bocho en acción” y al final, decidir si algo nos transformó o solo fue mero entretenimiento.

Pensando en un teatro colaborativo, Ambaí pretende, en todas y cada una de sus obras, mostrar la realidad, lo cotidiano, lo que es, desde la formación hasta la presentación, nutrido por las nuevas tendencias a nivel latinoamericano, por las formas mas desestructuradas y mas que nada, por la búsqueda de un actor creativo.

José cuenta que “el grupo arrancó en el 99, confluimos varios de varios grupos, la mayoría jóvenes y se armó un taller en Extensión de la UNNE. Coincidimos, y arrancamos con una obra con la que nos presentamos en una fiesta provincial, y a partir de ahí se independiza el grupo y comenzamos a buscar nuestro propio camino, una profesión o manera de vida. El 25 de mayo quedó como fecha del comienzo del grupo, al momento de estrenar la obra “Nuevo Mundo”.
Entre viajes y vueltas a Corrientes, siempre nutriéndose, José afirmó que “todo lo que aprendí afuera trato de readaptarlo acá, empecé a capacitarme a nivel regional, después en Buenos Aires porque no me convencía el teatro clásico, que es lo que predomina, yo necesitaba trabajar con el cuerpo”.
“Necesitaba encontrar otra forma de expresión y empecé a salir a otros países para generar un propio método de trabajo. Cuando volví retomamos el trabajo con el grupo y empezamos con otra obra. Y en ese momento el Instituto Nacional del Teatro empezó a promoverse en todo el país, buscando capacitar a los grupos del interior. A nosotros nos ayudó porque necesitábamos de esa formación”.

“Trabajamos por tres años con Gustavo Benítez, en lo que fue la etapa de teatro incipiente para nosotros, y abrimos un camino para una especie de teatro que trabajaba mucho el texto, para encontrar al actor intérprete. De ahí pasamos a la dramaturgia del actor, lo que significa que partimos de un texto, lo leemos, sacamos lo más importante y empezamos a improvisar a partir de eso. En ese momento hicimos varias muestras hasta llegar a la obra en la que desarrollamos este método, que fue “Obito”. La empezamos en 2004, la estrenamos en 2005 y seguimos hasta el 2006. La mostramos en una fiesta provincial y a nivel regional y, de alguna manera, cerramos el ciclo con Gustavo porque el plan de fomento del INT duraba tres años”.
“Mientras tanto yo seguía haciendo otras capacitaciones, porque sentía que faltaba algo. Inclusive antes de terminar esa etapa hubo un indicio de por dónde seguiría nuestra búsqueda. En ese lapso, hicimos una muestra colectiva con Fátima Gómez y con Andrea Santamarina, que nos ayudó en la dirección. “El y Ella” se llamó la obra, donde tomábamos fragmentos de poesía, música, trabajo con el cuerpo, y exploramos la creación colectiva, que se da cuando no hay un director, porque es el grupo el que crea la obra”.
“Los planes de fomento a nivel nacional cayeron y nos quedamos sin director, por lo que tuve que asumir en el rol de capacitador, y ahí empezamos la última etapa, en la que hoy continuamos. Empezamos a trabajar la antropología teatral, de la que tomamos herramientas para crear. En ese momento, estando en Buenos Aires, me vinculo con Eugenio Barba, que es uno de los grandes maestros del teatro mundial contemporáneo y con el cuál hice un seminario sobre la forma de hacer teatro que a mi me gustaba”.

“El 2006 fue un año de mucha capacitación, seguimos la influencia latinoamericana, que es la creación colectiva. Conseguimos un lugar en la Asociación de Periodistas de Corrientes, donde trabajamos por un año con la construcción de “En Proceso”, una obra que habla de la dictadura pero desde Corrientes”.
“Quisimos mostrar una realidad, porque el verdadero arte, para mi, tiene que tener algo que te transforme. Quizás no entendés nada de lo que estás viendo, pero si te moviliza algo, es que algo pasó, ahí hubo arte. No es lo mismo que me reproduzcan cosas, si voy a hacer un texto clásico, voy a buscar algo que tenga que ver con el hoy, sino es un texto muerto, como me pasó muchas veces, que me aburre, me duermo y no me hace conectar con la obra”.
“Con el taller hicimos una muestra al final, que se llamó “La Incomunicación lleva a la soledad, hacia un espacio vacío” queriendo romper con el espacio escénico, con la estructura del teatro, hacerlo al nivel del piso, al nivel del público, algo que después se empezó a usar mucho. Buscamos que el público sea parte, que no esté afuera de la obra”.
En 2007 José es seleccionado con otras personas para capacitarse en el “Teatro Acción” de Villa Gessel, una casa teatro donde se sigue la línea de Eugenio Barba, lo que le dio una formación donde se utiliza mucho el cuerpo. Posteriormente, ya en Corrientes, Ambaí comienza sus talleres en búsqueda del actor creativo. “Nos trasladamos al Teatro de la Ciudad y ahí generamos una obra que se llamó “Entropía”, con la que rompimos el espacio, ocupamos la calle, la vereda, el salón, buscamos lo trágico y lo cómico. Con eso definimos la idea de que el teatro sea para todos, no para un grupo de gente en el espacio común”.
2008 encontró a Ambaí adoptando su propio método de trabajo, sirviéndose de muchas escuelas, extrayendo herramientas y adoptando una forma de crear. “Para mi el teatro de hoy es un teatro que está más cerca de la gente y que habla de cosas que le pasa a la gente”.
Con la intención de fusionar todas las artes y desestructurar el espacio, surge el proyecto “Caracol”, que se desarrolló en la casa del artista plástico Luis Llarens, que como también fue actor, más clásico, se adaptó a la muestra. Teatro, performance, artes plásticas, música y poesía en vivo, la danza, y actuación de actores y no actores se presentaron al público como un nuevo teatro.
Luego de “Entropía” y al tener mayormente mujeres en los talleres, surge el tema del género. Los miedos, la represión, la violencia doméstica, la maternidad, la masturbación femenina, entre otros, fueron los temas tocados. “El género en convergencia…¿qué es ser normal?” se llamó la obra.En 2009, Ambaí recaló en el Centro Integral de Actividades Comunitarias, que pertenece a la CTA, donde actualmente dictan clases de teatro para adultos y niños, además de iniciación en la comedia musical. Como ellos se definen, están transitando el teatro colaborativo, que se sirve de todas las artes, de todos los pensamientos, tomando a los grandes maestros rusos, franceses, estadounidenses y orientales.

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